Volviendo a la escuela – Agosto 2017

Pero cuando vio cuán fuerte era el viento, se asustó;
Y, comenzando a hundirse, exclamó: “¡Señor, sálvame!”
Mateo 14:30

Mis Hermanas y Hermanos en Cristo:

Es a mediados de agosto y comenzamos la temporada de “Regreso a la Escuela”. Estas dos últimas semanas han sido un vendaval de actividad mientras que los padres preparan a sus hijos para comenzar o regresar a la escuela. Hay materiales escolares a considerar, reprogramación de las rutinas diarias, y el ayudar a nuestros hijos a enfrentarse a posibles cambios con calma. Nuestros padres también han estado orando por su propia sensación de tranquilidad mientras que la actividad se monta como las olas descritas en el Evangelio de San Mateo. Nuestra facultad y el personal de la escuela parroquial han estado preparándose todo el verano para el regreso de los estudiantes; apropiándose de aulas, preparando planes de lecciones, asistiendo reuniones y clases; y orando por nuestros padres y estudiantes. Las últimas semanas antes del empezar de la escuela siempre traen consigo cierta incertidumbre y duda, así como regocijo en el conocimiento del Señor y Su poder salvador.

Nuestro personal parroquial con y sin escuelas también se preparan para clases de formación de fe para nuestros jóvenes que asisten a la escuela pública. Esta preparación es rigurosa y requiere mucho tiempo ya que los catequistas son identificados, programados y revisados ​​para la certificación apropiada; se preparan planes de lecciones; y se ofrecen diversas reuniones y oportunidades educativas. Los padres de nuevo tienen que reorganizar los horarios para acomodar las clases de formación de fe para sus hijos y para asegurar la llegada puntual en medio de otros horarios y demandas de la escuela.

Así como Dios es el centro de atención de los discípulos en la barca, y para Pedro, en particular, Dios es también nuestro enfoque y nuestro propósito para esta preparación. Sin embargo, si consideramos nuestro llamado a la santidad en el bautismo, esta preparación o enfoque no está realmente relegado a una temporada, ¿verdad? Una educación católica, ya sea a través de la escuela católica o clases de formación de fe, se limita al tiempo en que un estudiante participa. Para algunos podría ser menos de 8 años. En algún momento, cada estudiante se gradúa (la esperanza de cada padre!) y deja atrás esta “educación formal”.

En el bautismo, nuestro pacto con Dios para responder a su llamado a la santidad dura toda una vida. No podemos segmentar el tiempo que aprendemos acerca de Dios ni el tiempo en que nos concentramos en Dios. Nuestra vida a través, con y en Él es 24/7, 365 días al año. Es por eso que los padres tienen un papel tan importante, porque son los primeros formadores de la fe de sus hijos, y ellos y toda la familia están llamados a llevar este enfoque de fe cuotidiana a cada momento con sus hijos, incluso después de que sus hijos se gradúen. Los padres tienen la responsabilidad de guardar su fe y ayudar a profundizarla. El Papa Francisco le dijo a los padres cuyos hijos estaban recibiendo el Sacramento del Bautismo: “La fe es creer lo que es la verdad. Dios Padre que envió a su Hijo, y el Espíritu que da la vida. Pero la fe es también confiar en Dios, y que debes enseñarlos, con tu ejemplo, con tu vida… La Iglesia da la fe a tus hijos a través del Bautismo, y tienes la tarea de hacerla crecer, conservarla y que se convierte en un testimonio para todos los demás.”
Más allá de los padres y los padrinos, cada uno de nosotros tiene una responsabilidad el uno con el otro para convertirse en un testimonio de nuestra fe en Dios. Así como Jesús se acercó a Pedro en su momento de duda para salvarlo, nos acercamos unos a otros para fortalecer la fe en los demás y con la mano extendida, mantenerlos enfocados en Dios. Para crecer en nuestra fe, debemos participar en los Sacramentos, recibiendo la Eucaristía como fuente y cumbre de la vida cristiana para nuestro alimento espiritual. Nuestra vida cuotidiana es nuestra oración diaria. Nuestro estudio del Señor nunca termina realmente. Participando en las clases bíblicas o de formación de adultos y retiros parroquiales, se nutren nuestras mentes y nuestros corazones para que podamos ser fuertes como el viento en profesar nuestra creencia en el Dios trinitario.

La diócesis y las parroquias tienen muchas oportunidades de ayudar a los adultos a aumentar su estudio. Las dos oportunidades diocesanas que se acercan son la Conferencia Litúrgica “Liturgia en Acción: Encuentro con Cristo”, que se celebrará del 24 al 26 de agosto en el Marriott del Aeropuerto de Orlando y la Conferencia de Formación del Ministerio, que se celebrará el 16 de agosto en la Escuela Secundaria Católica Bishop Moore.
En el capítulo 14 del Evangelio de San Mateo, Jesús había estado enseñando al pueblo y después, Él fue a orar. Después de la oración, encontró a Pedro que tenía dudas en la fuerza del viento; en la fuerza de Dios. Jesús dijo: “No tengáis miedo.” Que la fuerza de nuestra fe alivie cualquier duda o temor para que podamos ser testimonio de Dios por todo el pueblo.