Ven y Verás Enero 24

Mientras Pablo decía esto en su defensa, Festo dijo a gran voz: ¡Pablo, estás loco! (Hechos 26:24) Fiesta de la Conversión de San Pablo, Apóstol—Ven y Veras!

“…yo soy apóstol de los Gentiles, honro mi ministerio,….” (Romanos 11:13)

De la Constitución Dogmática Lumen Gentium, sobre la Iglesia, del Concilio Vaticano II (Núms. 2, 16)

YO SALVARÉ A MI PUEBLO

 

Hermanos y hermanas, el último canon del Derecho Canónico que rige nuestra Iglesia católica latina, reza así: “la salvación de las almas es la ley suprema de la Iglesia” (CDC. 1752).  La ley nunca puede ser más importante que la caridad. San Pablo dice: “…la letra mata, pero el Espíritu da vida. (2 Cor 3:16) Radio escucha, no podemos vivir sin leyes, pues nos ayudan a formar y a dirigir nuestras vidas. Desde nuestros hogares, hasta las últimas instituciones, las leyes son necesarias.

Sin embargo, quienes están encargados de la aplicación de éstas, deben tener siempre en cuenta el “espíritu” que las han inspirado y que, en última instancia, es el bien de los individuos y de la comunidad. Aquellos a los que Dios nos ha puesto al cuidado de la observancia de la ley (padres, administradores, gobernantes) debemos tener siempre cuidado de no usarla para beneficio particular sino para el bien de los hermanos. Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón.

La carta a los Hebreos nos exhortas hoy: “…SI USTEDES OYEN HOY SU VOZ, NO ENDUREZCAN SUS CORAZONES,…” (Hebreos 3:15) Como María, todo por Jesús y para Jesús.

Hermanos y hermanas (Papa Francisco 25/Jun/14), “El Señor ha confiado su mensaje de salvación a personas humanas, a todos nosotros; y a nuestros hermanos con sus virtudes y sus límites, que viene a nosotros y se hace reconocer.

Nuestro lema ha sido, es y seguirá siendo que nuestra Iglesia es UNA (Efe 4:5), SANTA (Efe 5:27), CATOLICA (Efe 2:19), APOSTOLICA (Efe 2:20) es indestructible, maestra, infalible (Mt 16:18; Tito 1:5; 2 Tm 1:6).

Mis hermanos y hermanas, “… crezcan en la gracia y el [conocimiento] de nuestro Señor y Salvador Jesucristo…” (2 Pd 3:18)