Servidores Buenos y Fieles – Junio 2017

Para terminar, hermanos, deseo que vivan felices
Y que busquen la perfección en su vida.
Anímense y vivan en armonía y paz;
Y el Dios de amor y de paz estará con ustedes.
Salúdense los unos a los otros con un beso santo.
Todos los hermanos en la fe les mandan saludos.

2 Cor 13, 11-12

 

Mis hermanas y hermanos en Cristo:

Pablo, en su carta a los corintios, les exhorta y les reta a considerar quienes son, y si verdaderamente son seguidores de Cristo, a considerar la responsabilidad  que conlleva esta afirmación. Este último verso de la carta de Pablo es una suave conclusión al tono de reproche de la carta completa. La iglesia primitiva formaba una comunidad y esa formación trajo consigo retos. La guía de los apóstoles y otros como Pablo le sirvió a las personas en ayudarlos a enfocarse en su fe, cuando enfrentaban tantas distracciones y dificultades. El Papa Francisco dijo: “Estos dos términos: apóstoles y siervos, van de la mano, nunca pueden separarse, son como los dos lados de una moneda. Aquellos que proclaman a Jesús están llamados a servir, y aquellos que sirven, proclaman a Jesús”.

Dos mil años después en la vida de la Iglesia, y las palabras de San Pablo son aún muy acertadas. Continuamos tratando de rechazar las distracciones de Satanás en nuestro mundo y formarnos como comunidad de fe, como un santo templo del Señor. Continuamos creciendo como apóstoles y como siervos.

¿De qué manera nos convertimos en “siervos buenos y fieles” (cf. Mt 25, 21)? Primero, nos disponemos a hacerlo. El Papa Francisco dijo: “Un siervo aprende diariamente a desprenderse de hacer las cosas a su modo y de vivir la vida como se le antoja. Cada mañana se entrena para ser generoso con su vida y darse cuenta de que el resto del día no le pertenece, sino que se lo da a los demás. Aquel que sirve no puede acumular su tiempo libre; tiene que abandonar la idea de ser el dueño de su día. Sabe que su tiempo no le pertenece, pero que es un regalo de Dios y que a Él se lo regresa libremente. Solo de esta manera dará fruto”.

El Diaconado Permanente es una comunidad de fe dentro de la comunidad de fe global. Su carisma es de servicio por el pueblo de Dios. En la Iglesia Católica, el diaconado es el primero de tres rangos en el ministerio ordenado. Los diáconos en preparación para el sacerdocio son diáconos transitorios. Aquellos que no planean ser ordenados sacerdotes son llamados diáconos permanentes. Los hombres ya casados pueden ser ordenados como diáconos permanentes, y los hombres solteros pueden ser ordenados con el compromiso de mantenerse célibes. Ya al comienzo de los primeros días de los apóstoles, la Iglesia Católica veía con gran veneración la orden sagrada del diaconado, como testifica San Pablo. En la Iglesia primitiva, los diáconos eran muy importantes en llevar la Palabra de Dios y en asegurar que se llevara a cabo el ministerio de servicio a los pobres y a los ancianos.

El Diaconado Permanente continua siendo importante para la vida de la Iglesia. Los diáconos permanentes están llamados a estar disponibles a los demás, por lo que su ministerio no es de auto-servicio, pero evangelizadoramente fructífero. El 10 de junio, tuve el honor y privilegio de ordenar diez diáconos a la Orden del Diaconado Permanente. Esta Ordenación no es algo que estos hombres tomen a la ligera. Ellos se han preparado por muchos años en el estudio, la oración y las obras de misericordia. El proceso de discernimiento y formación para aquellos que se sienten llamados a la vocación de ser diácono inicia con un año de descubrimiento formal, seguido por cinco años de formación concentrada, la cual incluye clases de teología de la Universidad St. Leo, y aproximadamente 400 horas de talleres dimensionales que ayudan en la formación de los hombres y de sus esposas en los aspectos humanos, espirituales, pastorales y diaconales de sus vidas. Sus familias los han acompañado en esta jornada ya que el llamado al Diaconado Permanente es un asunto de toda la familia.

Hace unas pocas semanas, presentamos a estos nobles hombres en un artículo en el periódico Florida Catholic. Aunque estos hombres vienen de diferentes ámbitos sociales y traen consigo diferentes culturas e historias, ellos tienen una cosa en común: han respondido el llamado de Dios a servir la Iglesia y al pueblo de Dios a través de su vocación como Diáconos.

Les invito a unirse en oración de gratitud por los diáconos Jimmy Avellan, Armand Carpentier, Carlos Conselho, Eddie Cruz, Richard Dodd, Steve Floyd, Carlos Martínez, Mike Nussear, Antonio Torres y Michael Willems.

Que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la participación del Espíritu Santo estén con todos ustedes.