Perdona tu prójimo – Septiembre 2017

Perdona la ofensa de tu prójimo

y cuando reces, tus pecados te serán perdonados.

Si un hombre alimenta la ira contra otro,

¿cómo puede esperar la curación del Señor?

Eclesiástico 28:2-3

 

Mis hermanos y hermanas en Cristo:

La misericordia de Dios es infinita, pero depende de nosotros cuanta misericordia recibamos. El Antiguo Testamento habla de fomentar el perdón y la misericordia. En Su cumplimiento del Antiguo Testamento, Jesús nos muestra que Dios lo requiere. En esta columna cito algunos pasajes del Eclesiástico que escucharán durante su proclamación en Misa el domingo 17 de septiembre. Si un hombre alimenta la ira contra otro, ¿cómo puede esperar la curación del Señor?

Perdonar no significa la restauración del pasado, porque no se puede deshacer lo que ya se ha hecho. Pero el perdón nos saca de nosotros mismos y permite que la ofrenda de la Paz de Cristo sea el aire que respiremos. Perdonar puede parecer una poderosa herramienta con la cual dominar a alguien. Pero la Paz de Cristo no es una amenaza. Es realmente una ofrenda de uno hacia otro para sostenerse en el amor de Dios; para llevar Su bondad sobre la tierra. Es la esencia de reconocer lo sagrado en cada persona y la fragilidad de la propia persona.

 

El perdón comienza con nuestras relaciones individuales; con nuestra familia y con la familia que se extiende más allá –como Dios nos llama a ser una familia con nuestra comunidad, la nación, el mundo. Observa a tu propia familia y determina donde debes llevar perdón; donde debes extender tu mano para sostener la del otro. No permitas que una disputa entre madre o padre, hermano o hermana, amigo o compañero de trabajo te impida realizar la misericordia de Dios. Si retienes el perdón, no entenderás la misericordia de Dios contigo.

El Papa Francisco dijo que las familias están continuamente caminando y escribiendo la belleza del Evangelio de la familia en páginas de la vida real. “En un mundo que a veces es estéril de vida y amor, ustedes hablan cada día de los grandes regalos que son el matrimonio y la familia… La familia es un campo de entrenamiento para el dar y perdonar mutuamente sin lo cual no hay amor que dure mucho”. Enfatizó, “uno no puede vivir sin buscar el perdón, o por lo menos, nadie puede vivir sin paz, especialmente en la familia. Nos fallamos unos a otros todos los días. Debemos tomar en consideración esos errores, debido a nuestra fragilidad y egoísmo. Sin embargo, lo que se nos pide hacer es sanar prontamente las heridas que causemos para inmediatamente volver a tejer los lazos rotos dentro de la familia”.

Recientemente, los obispos hablaron en contra de la acción del Presidente Trump de terminar con DACA, Acción Diferida para los Llegados en la Infancia, y urgieron al Congreso a actuar y reanudar el trabajo hacia una solución legislativa. Los obispos prometimos nuestro apoyo para trabajar en encontrar un medio expedito para proteger a estos jóvenes vulnerables. Es debido a nuestra creencia en la protección de la familia que expresamos nuestra consternación por la acción del Presidente Trump. Estamos llamados a tejer los lazos que se rompen en la familia; en este caso, la familia de nuestra nación. Estos jóvenes llegaron a los Estados Unidos cuando pequeños y este ha sido su único hogar, somos su familia. Como miembros del cuerpo de Cristo, hemos visto con admiración y orgullo a estos jóvenes vivir su vida diaria con esperanza y determinación para florecer y contribuir a la sociedad: continuar trabajando y proveyendo para sus familias, continuar en el servicio militar y continuar recibiendo una educación. Ahora, luego de meses de ansiedad y miedo acerca de su futuro, estos jóvenes valientes se enfrentan a la deportación. Esta decisión es inaceptable y no refleja nuestra fe católica. Nuestra nación ha hecho y respondido de manera opuesta a como nos llaman las Escrituras a responder. Las acciones del Presidente Trump muestran falta de misericordia y buena voluntad, además de una visión de corto alcance para el futuro.

Mira nuestro mundo y todos los titulares de destrucción en los cuales hemos participado. Recientemente hemos experimentado huracanes, tornados y terremotos, sucesos comunes de la naturaleza. ¿Cómo podemos hacer que el espíritu de Dios florezca en su pueblo con nuestras acciones mientras experimentamos estas dificultades? Estos sucesos puede que nos hayan hecho mirarnos a nosotros mismos y darnos cuenta de nuestra propia fragilidad y el regalo del perdón. Hemos visto a muchos acercarse a la oración; hemos visto la belleza de la ayuda; hemos visto la bendición de la misericordia de Dios de unos con otros cuando algunos experimentan pérdida y sufrimiento.

En medio de la dificultad humana, somos el brazo extendido de la misericordia de Dios. La santidad de este extraordinario amor es ofrecida a nosotros al ser concedida la misericordia de Dios en nuestra participación en los Sacramentos, particularmente la Penitencia y la Eucaristía. Luego de recibirlos y ser nutridos en la mesa del Señor, somos llamados Sus discípulos para ir y llevar el perdón a nuestros hermanos y hermanas. Si cultivamos el perdón, tendremos una tienda infinita esperando por nosotros cuando conozcamos a Dios. Porque, ¿podría alguien alimentar el enojo contra otro y esperar la curación del Señor?