Homilía de Obispo John Noonan en la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe

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Hoy venimos a celebrar a Nuestra Señora de Guadalupe. La última vez que estuve aquí en Wahneta vine para el funeral del Padre Norman Farland hace sólo tres meses. Estoy seguro de que todavía lo extrañan; extraño su presencia con nosotros hoy. A él le encantaba celebrar a Nuestra Señora de Guadalupe. ¿Qué nos diría el Padre Norman hoy? “¡No tengan miedo!”. Nuestra Señora de Guadalupe estará con ustedes para ayudarlos y protegerlos porque los ama a todos. Ella se le apareció a Juan Diego, un hombre simple y sencillo, quien amaba a Dios. Ella también vendrá a cada uno de ustedes porque ustedes también aman al Señor.

Venimos a celebrar a Nuestra Señora de Guadalupe, nuestra patrona, nuestra madre, nuestra amiga. Ella es una amiga que brinda fortaleza, da esperanza y da coraje. Nuestra Señora de Guadalupe es una amiga que está ahí para ustedes en tiempos buenos y en tiempos malos, siempre dispuesta a ayudarlos. Como todas las madres, ella les da vida, les da fe y les da amor. Nuestra Señora de Guadalupe nos enseña a través de su vida muchas lecciones importantes de confianza en Dios.

Nuestra Señora de Guadalupe está representada en la Tilma de San Juan Diego como una mujer embarazada. Ella está embarazada con el Niño Jesús. Esto fue antes de que se casara con José; sin embargo se trataba de un delito castigado con lapidación. Pero José no quería ningún daño para María o su hijo. José ni siquiera se divorció de ella. María y José tuvieron que huir con el Niño Jesús porque el Rey Herodes quería hacerle daño. María sufrió mucho en su vida; ella vio a su Hijo ser rechazado, burlado, flagelado y colgado en una cruz para morir.

Muchos de ustedes han venido aquí a los Estados Unidos para comenzar una nueva vida de esperanza y libertad. Algunos de ustedes han venido a causa de guerras o violencia –buscando paz y seguridad. Algunos de ustedes han venido protegiendo a sus hijos de la violencia y los crímenes en su vecindario. Sus sueños, sus esperanzas son simplemente para estar seguros de que sus hijos están a salvo, de que pueden ir a la escuela y aprender, pueden conseguir un trabajo y tener un hogar y una familia en el futuro. Pero hay muchas dificultades y problemas en nuestro mundo hoy. Las personas están preocupadas e inquietas por muchas cosas.

Es difícil vivir y trabajar en los Estados Unidos sin papeles. Ustedes padres y madres trabajan fuerte cada día para cuidar de sus hijos. Pero si no tienen los documentos correctos siempre están en peligro y viven con miedo. Están preocupados de no poder trabajar y proveer para sus familias. Nunca están seguros de que regresarán a casa con su familia en la noche. Los niños van a la escuela en la mañana y no están seguros si sus padres estarán ahí en la noche. Padres y madres son separados de sus hijos. Esposos son separados de sus esposas e hijos. Madres son separadas de sus hijos. Esta no es la vida que Jesús quiere que las familias tengan. Jesús quiere que las familias estén unidas, no separadas por las fronteras, murallas o verjas sino que estén unidas en la fe, la esperanza y el amor. Estas no son solo palabras; estas son las palabras de Jesús “ámense unos a otros como yo los he amado y a su hermano como a sí mismos”. Cada persona –ciudadano o no, con papeles o sin papeles- debe ser tratada con dignidad y respeto. Cada persona está hecha a imagen y semejanza de Dios. Cada persona es sagrada; cada persona es templo del Espíritu Santo. Nuestra Señora de Guadalupe cargó al Señor en su vientre. Nosotros también llevamos al Señor con nosotros desde nuestro bautismo.

Nuestra Señora de Guadalupe vino a un hombre humilde llamado Juan Diego no a un hombre rico y famoso. Ella le habló en su propio lenguaje. Esto nos dice que los mansos y humildes son importantes para Nuestra Señora de Guadalupe. Nuestra Señora de Guadalupe viene a cada uno de nosotros para guiarnos hacia su hijo Jesús. Recordando lo que ella le dijo a San Juan Diego, “No tengan el corazón perturbado; no tengan miedo. Yo estoy con ustedes, ¿Quién soy su madre?”. Ustedes necesitan escuchar estas palabras y llevarlas al corazón. Estas son palabras reconfortantes las cuales los fortalecerán cuando se enfrenten a las hostilidades en su vida diaria. Las causas de tantos males e injusticias en nuestro mundo hoy solo pueden ser superados cuando la gente buena se una para trabajar por paz y justicia. No habrá paz a menos que haya justicia verdadera, la cual respeta la dignidad de cada persona legal o ilegal, todos son hijos de Dios.

Vengo hoy aquí para estar con ustedes y apoyarlos. Quiero que escuchen alto y claro que no están solos; tienen a Nuestra Señora de Guadalupe a su lado en cada momento del día. Recuerden que cuando la tienen a ella también tienen a Jesús, el Señor de paz y justicia verdaderas. ¡Viva Nuestra Señora de Guadalupe! ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la gente de Wahneta!