¿Están preparados? – Diciembre 2017

Y así permaneceremos con el Señor para siempre.

Consuélense mutuamente con estos pensamientos.

1 Tesalonicenses 4:17-18

 

Mis hermanos y hermanas en Cristo:

¿Están preparados? Ya estamos a la mitad del mes de diciembre; marcamos la temporada de Adviento mientras esperamos por el día de Navidad. Durante la temporada de Adviento, ¡estamos llamados a mantenernos despiertos, a prepararnos! ¡Esperamos el nacimiento de Cristo niño y necesitamos estar preparados! En el tiempo de San Pablo, mientras los recién cristianos experimentaban persecución, había un anhelo, una expectativa del regreso inmediato del Salvador de la tierra. Estas palabras de San Pablo, ‘Permaneceremos con el Señor para siempre’, son palabras de consuelo para aquellos primeros cristianos quienes experimentaron sufrimiento por su fe.

Comenzamos este mes con el anuncio del Año Jubilar, el Año de la Eucaristía. El tema de este año, ‘Quédate con nosotros, Señor’, conmemora nuestro propio anhelo de Dios; nuestro deseo de estar en relación con Dios. Como los primeros cristianos se animaron con estas palabras de consuelo de San Pablo, así estamos jubilosos en el don de la Eucaristía, porque Dios está con nosotros, a través de este don de amor sacrificial. En su ‘Un Catecismo Católico para Adultos’ en 1987, los Obispos alemanes escribieron que la Iglesia “existe debido a un intercambio común en los bienes (sancta) de la salvación, especialmente en la Eucaristía”. Recibimos estos bienes (sancta) y los ofrecemos de regreso a Dios por la salvación el uno del otro.

El Papa Francisco recientemente dijo, “En la Misa, Jesús se hace verdaderamente presente y nos permite de alguna manera, como al Apóstol Tomás, tocar su carne y renovar nuestra fe en Él”. Nos ofrecemos a Dios como regalo y luego esos regalos son santificados a través de la Eucaristía. Nutridos, renovados y refrescados, vamos desde el templo a ser Cristo unos con otros en nuestra vida diaria.

El templo más importante de Dios es nuestro corazón, donde el Espíritu Santo habita. El Papa Francisco nos recuerda que debemos cuidar este templo interior. Él preguntó, “¿Hablamos con el Espíritu Santo y lo escuchamos?”

El Santo Padre dijo que nuestro templo interior puede ser ‘salvaguardado y cuidado a través del servicio’. Durante esta temporada de Adviento, que enderecemos nuestro camino hacia Dios para nosotros y nuestra familia a través de la oración, a través de la participación en los Sacramentos, especialmente la Eucaristía y a través del servicio. El Papa Francisco nos dice, “Cuando salimos a servir, a ayudar, nos parecemos a Jesús que está dentro de nosotros.”

Estamos agudamente conscientes de las muchas oportunidades para servir. Nos damos cuenta de las grandes necesidades de los que sufrieron dificultades durante las tormentas recientes. Conocimos a padres pasando dificultades para proveer alimento para sus familias. Vemos a los humildes cuya edad ha provocado que sean descartados y olvidados. Sabemos de parientes dentro de nuestras propias familias que sufren soledad por nuestra propia indiferencia.

Es una gran responsabilidad y una verdadera alegría participar en la Eucaristía y vivir como Cristo entre nosotros. Es poderoso porque asumimos las penas de los demás para brindarles consuelo, para servirles. Una alegría verdadera porque somos consolados al saber que Dios está con nosotros a través de este Pan de Vida.

Los santos, a través de su ejemplo, nos ayudan a entender mejor el cuidado de nuestro templo individual. Este llamado a la santidad no solo está relacionado con los santos, sino con los vivos, ¡tú y yo! Personas como la fiscal de la Oficina del Fiscal Estatal del Condado Seminole quien defiende a las víctimas de tráfico humano; o los voluntarios y personal de Caridades Católicas de la Florida Central quienes devuelven la esperanza a aquellos que sufren la pérdida de empleo o su sustento; o los hombres que responden al llamado de Dios para discernir y prepararse para el diaconado permanente son algunos de los muchos cuya vivencia de fe nos permite participar de la presencia de Dios entre nosotros.

Que la riqueza del banquete Eucarístico sacie nuestra sed de Dios.