El cuerpo de Cristo – Junio 2017

Pero ustedes son una familia escogida, un sacerdocio al servicio del rey, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios. Y esto es así para que anuncien las obras maravillosas de Dios, el cual los llamó a salir de la oscuridad para entrar en su luz maravillosa.

1 Pedro 2,9

 

Mis hermanas y hermanos en Cristo:

Al comenzar la temporada de verano, pueda que hayamos estado haciendo planes para unas vacaciones. Soñamos con lugares para visitar u organizar celebraciones especiales, reuniones familiares. Ruego porque en todos estos planes, también mantengamos nuestra atención en Dios y sobre cómo nuestras actividades de verano irradiarán su luz por toda la tierra. ¡Lleven a Dios con ustedes!

Podemos llevar a Dios con nosotros a través del Regalo que continua dando fruto, el regalo de la Eucaristía. Recientemente hemos celebrado la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Esta celebración llena de gozo trae nuestro enfoque a la misión que inició en Pentecostés: a actuar como Cristo y compartir su amor con el mundo; llevar a Dios con nosotros.

Jesús instituyó el Sacramento de la Eucaristía para que nosotros pudiéramos estar unidos íntimamente con Dios. Dios quiere estar unido a él por una Unión tan fuerte y estrecha que estemos marcados con sus características. A través de la Eucaristía, podemos cimentar nuestra salud espiritual. La Eucaristía fortalece nuestro corazón por la presencia espiritual real de Cristo en ella.

Durante el servicio de Jesús en la tierra, su cuerpo era un lugar de acción. En su cuerpo, Jesús curó, alimentó, perdonó, invitó y enseñó. A través del cuerpo de Jesús, la gente siente el amor de Dios. También estamos llamados a actuar de una manera que todos puedan conocer que Dios está con nosotros. Cuando recibimos el Cuerpo y la Sangre de Cristo, nuestros cuerpos se convierten en su santo templo, a través del cual estamos llamados a ser embajadores de transmitir el mensaje de Dios de paz y reconciliación para el mundo. La Eucaristía nos da fuerza para mantener el ánimo, comparada así con el infinito amor de Dios.

Dios nos ama con un amor incondicional, no porque nos lo merecemos, sino porque Él mismo es amor. Este amor es nuestra esperanza y nuestra salvación. Este profundo amor que recibimos en la Eucaristía no es un símbolo, sino que es la invitación a entrar en el Misterio del Cuerpo y la Sangra de Cristo para convertirnos en lo que recibimos. Si nos dejamos abarcar plenamente por el Misterio, entonces podemos llevar la bondad de Dios a través de nuestra vida diaria. De esta manera traemos sanación a nuestro mundo resquebrajado.

El Papa Francisco dijo recientemente, “el Cuerpo de Cristo, partido en la sagrada liturgia, se puede observar, a través de la caridad y la comunión, en las caras y las personas de los más vulnerables de nuestros hermanos y hermanas.”

Al pensar en las vacaciones, podríamos también pensar acerca de cómo estamos viviendo como Cuerpo de Cristo. ¿Cómo podrían ser nuestras vacaciones una peregrinación hacia Dios? Parte de nuestras vacaciones puede ser ofrecer caridad y comunión en un viaje misionero, o ayudando a un vecino de edad avanzada con algunas reparación de la casa, o visitar a los enfermos. Tomar la oportunidad de visitar la Catedral de la ciudad a la que usted viaja y participar en la celebración de la Misa. Participar en jornadas de reflexión en su parroquia. Inscribirse en un curso en línea para aprender más sobre su fe católica y la justicia social. Reunir a su familia en la mañana y en la noche para orar; y así acercar más el cielo y la tierra. Al encontrarte con personas de la calle, abre tu corazón para ver a Jesús.

Esta edición del Florida Catholic informa sobre los tesoros del cuerpo de Cristo: la profesión de votos de hermanas religiosas; la conferencia diocesana para hombres; reciclaje de tapas para bancos; oración por la unidad; la ordenación diaconal, entre otros.

Que al levantarnos cada día de este verano, podamos proclamar las alabanzas a Aquel que nos sacó de las tinieblas a Su luz maravillosa.