Amarás a tu prójimo – Septiembre 2017

Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

El amor no hace mal al prójimo;

el amor es el cumplimiento de la ley.

Romanos

 

Mis hermanos y hermanas en Cristo,

Debes amar a tu prójimo como a ti mismo. Nueve palabras. Unidas, su significado es el grito de bandera de los pobres, el corazón de los mansos, la ofrenda de la Presencia Real, el cumplimiento del acompañamiento en Dios. Este segundo mandamiento trasciende a Dios desde nuestro interior hacia el exterior –a todas las personas del mundo. Dios no es solo un ser del cielo, sino que está entre nosotros. El segundo mandamiento nos llama al cumplimiento de la santidad como una extensión del regalo de Dios –el regalo del amor de Dios –de unos a otros. Somos atraídos hacia un drama mayor, la tierra y cuanto hay en ella, la ciudad de Dios.

Este amor no es frívolo ni una aventura apasionada o conveniencia. Este amor encarnado, a través y con Dios es lo que compone nuestro cuerpo, mente y espíritu. Si se enciende a través de la fe, se convierte en una gracia –el núcleo de nuestra alma. El amor incondicional nunca se acaba por que el amor de Dios no termina. Estamos llamados a la comunión con el otro, en la Eucaristía. El Padre Gustavo Gutiérrez Merino, OP, filósofo y teólogo, dijo, “La Eucaristía es el resumen de nuestra vidas y la suma del mensaje cristiano”.

¿Entonces, cómo amamos al prójimo como a nosotros mismos? ¿Quiénes somos que debemos jactarnos para embellecernos? Eso no era a lo que San Pablo se refería. Como católicos americanos, debemos recordar que todo lo que se nos ha dado viene de Dios. Cuando el amor dicta nuestras decisiones morales, el interés de la ley en los conceptos básicos, como nuestra relación con la familia, la santidad de la vida, la seguridad de la propiedad, están salvaguardados. El amor asegura el mejor interés de todas las personas. A través del Bautismo, profesamos el compromiso de aplicar el Evangelio para la transformación de la sociedad.

El Papa Francisco dijo: “¡Dios es amor! Sólo a través del camino del amor se puede conocer a Dios. ‘Amor razonable’, ‘amor acompañado de la razón’, ¡pero amor! ¿Y cómo podemos amar lo que no conocemos? Ama a tu prójimo”. Esto, dijo el Papa, es la doctrina de dos mandamientos: el más importante “Amar al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y primer mandamiento. El segundo es: amarás a tu prójimo como a ti mismo’. Él señala que “para llegar al primero debemos subir los escalones del segundo: eso significa que a través de nuestro amor por el prójimo podemos conocer a Dios que es amor. Sólo amando podemos alcanzar el amor”. El Papa Francisco insiste: “Este amor es sólido, fuerte y eterno. Es un amor concreto hecho de obras y no de gestos. Para conocer a Dios debemos caminar por la vida en amor, amar a nuestro prójimo amor a los que nos odian, amor para todos”.

¿Cuál es la aplicación práctica de ‘amar a nuestro prójimo’? Comienza con dar una mirada a nuestra familia. ¿Con quién hemos roto el pacto de Dios? ¿A quién no hemos perdonado? ¿Para quién una llamada telefónica o un abrazo traerían el júbilo de la presencia de Dios? Observa a nuestro prójimo, a las personas que viven cerca de nosotros; esos que se sientan a nuestro lado durante la celebración de la Misa; aquellos que saludamos en el supermercado; a nuestros compañeros de trabajo. ¿Los hemos respetado o hemos codiciado sus posesiones? ¿Los hemos recibido como Isabel recibió a su prima María, reconociendo el regalo de Dios dentro de ella? ¿O los hemos ignorado o menospreciado? Mira mas allá de tu calle hacia la cuidad, el estado, la nación, el mundo. ¿Cómo hemos fallado en hacer lo que es justo y necesario? ¿Cómo nuestro silencio ha causado violencia, hambre, privación? ¿Cómo nuestro miedo ha causado que el cuerpo de Cristo caiga? ¿Cómo nuestra falta de oración ha permitido el odio?

Que el amor por nuestro prójimo trascienda todas las objeciones para que Dios permanezca con nosotros.